Crisálida sagrada es, ante todo, una metáfora del dolor, dolor humano concebido desde la vertiente senequista y aun cínica. Libro orgánico, el dolor va deslizándose desde su idea inicial de iris a la sensación de lirio, desde lirio a colibrí después, y desde colibrí a crisálida más tarde; pero, cuando ésta deviene, lo hace en consonancia con la muerte del poeta que designa y nombra, para que la crisálida no simplemente aluda a su concepto, sino que encarne su significado mismo como realidad última y esencia de todo lo creado. De maldición pasa a ser axioma de belleza. De aquí su adjetivación de “sagrada”, en cuanto conlleva la culminación de un proceso anímico, a través de la soledad, la enfermedad y la muerte, signos todos de transformación y vida.     

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