Durante dos mil años un brevísimo documento biográfico ha sido objeto de miradas ingenuas, desconfiadas, astutas, teológicas, esotéricas, políticas y sentimentales. Pero los Evangelios nutren todavía, mediante la concisa elocuencia de sus imágenes, lecturas extrañas y revelaciones inesperadas.
En la isla de Patmos, el viejo Juan Marcos, desterrado, consume los últimos días de su vida. Para él ha llegado el momento de comprender hasta qué punto fue atravesado por la palabra desnuda de un solo hombre. Pero más allá del desconcertante sacrificio en la cruz, Juan Marcos medita su doble condición de escogido. Es el testigo fiel, el que lo ha visto todo, el que rememora con nostalgia los tiempos que cambiarían la faz del mundo, pero también es el depositario de un secreto que conmueve la más secreta de sus visiones y el más radical de sus interrogantes.
Prestando a la voz de la memoria los recursos estilísticos de una escritura adornada y elocuente, Antonio Enrique adopta los modos de aquel discípulo amado para compartir sus temblores sagrados y el peso de un destino que dos mil años después resulta tan enigmático como el primer día.

La primera parte de el discípulo amado, en la que se relata la la génesis y gestación de los capítulos recogidos en esta y que no fueron incluidos, se publicó portesriormente en 2009 con el título "El hombre de tierra".


 

Huella dactilar en uno de los escritos originales.

 

 

 

índice de obras del autor