En 2000 se publicó El discípulo amado, novela que generó un torrente de comentarios de distinto signo, además de una agria polémica entre dos de sus más conspicuos lectores. Sin embargo, la novela no se publicó íntegramente. En el presente volumen, los capítulos que faltaban ven la luz ahora; en ellos se explica cómo fue la génesis y gestación de los capítulos que sí fueron impresos.
Un enigmático personaje llega a la ciudad de Tumba a finales de siglo XX con el pretexto de estudiar la anfibología de su santo patrón, lo que le conduce al controvertido tema de los orígenes de la evangelización en el sur peninsular. Paulatinamente, su pesquisa va deslizándose a otra poblemática: la relevancia de la identidad del autor del Cuarto Evangelio, una vez desechada la autoría tradicional que lo atribuye al apóstol Juan. En la novela original, estos seis capítulos que integran El hombre de tierra precedían a los seis publicados en El discípulo amado, de manera alternante, por lo que ambos bloques admitían lectura autónoma. Pero, al publicarse sin la apoyatura de los que hoy se imprimen por primera vez, el lector quedaba sin perspectiva suficiente, razón por la que era recomendable su edición, tras haberse mantenido inéditos durante diez años.
El discípulo amado, el hombre, el personaje, quienquiera fuese en su misteriosa identidad, constituye una clave fundamental en la interpretación de la buena nueva que el mensaje evangélico supuso durante una larga era, y que revive de nuevo para todo hombre de buena voluntad, tanto en la fe de los creyentes como fuera de ella en el espíritu de la concordia y el perdón.

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