ENTREVISTA A ANTONIO ENRIQUE en relación a su libro EL DISCÍPULO
AMADO.

Por María José S.Villoria, de LEER, EL MAGAZINE LITERARIO.
(Publicada en su número 16. Madrid, julio-agosto de 2000).


¿Por qué Juan? ¿Por qué llamarle Juan Marcos? ¿Por qué elegir el parentesco filial con Jesús?

El discípulo amado parte de una premisa inicial, sin la. cual es imposible entender su sentido: el apóstol Juan no es el autor del Cuarto evangelio. De hecho, no existe en la actualidad teólogo solvente que mantenga esta autoría. El autor del Cuarto evangelio es quien se autodenomina, por cinco veces, "discípulo amado", y además añade que "su testimonio es verdadero". Ahora bien, si no es el apóstol Juan, ¿quién puede ser este enigmático "discípulo amado"? Un máximo especialista en este Evangelio, el teólogo católico Schnackenburg, nos da la respuesta: un personaje muy especial. ¿Y por qué es especial? Por su enorme protagonismo en la vida pública de Jesús: reclina la cabeza en su costado, es el único que le acompaña en el Gólgota y quien primero llega al sepulcro vacío y, por tanto, el primero en "creer" (según el mismo nos dice). Es el único también en narrar la resurrección de Lázaro, mitologoumenon ha de interpretarse en clave gnóstica. La tradición, asimismo, lo identifica con el muchacho cubierto por una sábana en Getsemaní y con el portador en Jerusalén del ánfora de barro. El llamarle Juan Marcos obedece al hecho de ser consignado así en Actos de los Apóstoles (12,12) como hijo de María, en un contexto en el que se refiere a María Magdalena. Es, de todas formas, quien está enterrado en Venecia.

¿Por qué en su obra se cuestiona la castidad de Cristo, doctrina oficial católica, en tanto que usted la desmiente, al tiempo que opta por ella para su protagonista?

Tanto el Talmud como la Tora, exponentes de la tradición y la ley rabínicas, desaconsejan el celibato de los hombres en el pueblo judío. Es, de hecho, una prohibición, salvo casos extremos de salud o retiro eremítico temporal. La castidad, entendida como privación de la generación humana, contraviene el dictado de Dios en el Génesis, texto que, por ser el primero, es prioritario en su observancia. Jesús era varón y judío; ninguna razón se opone al cumplimiento de sus deberes humanos. Lo de "Cristo" viene después, y corresponde a su mitificación como dios; en la novela se plantea el Jesús histórico, con ciertas licencias por tratarse de una novela. Esa presunta castidad más bien es el resultado de una profunda misoginia, procedente de ciertas tradiciones judaicas que heredó el cristianismo como doctrina. A mi juicio, sobran: hombres y mujeres somos iguales ante el espíritu. Y esto es antes que cualquier otra reflexión.

Jesús no alude, no deja constancia, ni entre sus coetáneos, de su paternidad, según su texto.¿Por qué, siendo en cambio tan exaltada su propia filiación divina como hijo de Dios, del Dios padre? (El que no sabe quién es su padre, ignora de cierto cuál es su destino, pág. 188)

Jesús sí alude a su paternidad. Lo hace en el Gólgota aludiendo a la madre (ten metera y te metri), según versión textual, y no su madre; es una revelación que hace al discípulo amado, tanto más extraordinaria por cuanto parece haber aguardado a instante tan definitivo. Reconozco que la ambigüedad ahí es notoria, pero es que el discípulo amado parece complacerse en cierta ambigüedad, en función de la profecía de Jesús que a él mismo se refiere, y es que su identidad permanecería desconocida, hasta la vuelta de Jesús. Mire, esto es esencial. En el capítulo último del Cuarto evangelio, Jesús, a la pregunta de Simón Pedro acerca de qué convenía hacer con respecto al discípulo amado, responde: "Si yo quiero que permanezca hasta que yo vuelva, ¿a ti qué?" (21,22). Permanezca, según contexto, sólo puede referirse a los predicativos "vivo" o "desconocido" y otra cosa no hay. Vivo pensaron que se mantendría, y por eso se generó la leyenda de que nunca moriría; pero murió, como todo hijo de madre, y ante el escándalo que se suscitó en algunas comunidades hubieron de agregarse los tres últimos versículos de dicho capítulo, en el sentido de que "Jesús no le dijo que no moriría". Luego, si la profecía había de cumplirse puesto que su "testimonio es verdadero" (21,24), ha de referirse al desconocimiento de su identidad, a lo largo de los siglos. En mi novela, por lo demás, el discípulo amado duda de esta filiedad respecto a Jesús hasta la última página, donde se ruboriza ante su desnudez en el Gólgota. El rubor, desde luego, es instintivo.

¿Y por qué la Magdalena tampoco se permite el sentimiento maternal?

Se da en algunas mujeres, cuyo amor por su hombre es tan ferviente que el hijo de ambos pasa a segundo término, tanto más si la relación amorosa es inestable. E inestable debió ser con un hombre como Jesús, cuya inestabilidad temperamental es fácil rastrearla en los propios evangelios. El erotismo de María Magdalena se nos manifiesta en grado de fervor en el huerto del Resucitado, pero también en otros episodios como en el del ungimiento con sus propios cabellos; tanto es así que numerosos exégetas han visto en este pasaje una reminiscencia del Cantar de los Cantares; o dicho de otro modo, el discípulo amado la asimila a la Sulamita de Salomón. María Magdalena, por otra parte, se nos ofrece también como muy temperamental.

¿Qué hay del concepto del Grial como Linaje, siendo como es, el hijo, un ser no prolífico?

La tradición, que en este aspecto de su esterilidad es lo único que hay, insiste en que el discípulo amado no tuvo descendencia. El sangrial, en cuanto Linaje real, sólo puede referirse, en consecuencia, a que María Magdalena llegase embarazada a la comunidad judía de Marsalia. Y que el embarazo fuera del propio Jesús. Me va a permitir que sea muy escéptico en cuanto al tema, porque Jesús había dicho que su reino no era de este mundo y, además, que por los frutos reconoceríamos a sus seguidores. La dinastía merovingia, presunta depositaría de esa "sangre real", es probablemente la más vergonzosa y cruel de la historia de Occidente. Los llamaban "lobos" a sus reyes, como ud. sabe.

Ud. alude en su nota a la edición a dos libros: El desvelamiento de la Revelación y La nueva Eva. ¿Conoce ud. otros libros significativos sobre la cuestión como son El enigma sagrado de Baigent, Leigh y Lincoln; María Magdalena, esposa de Jesús de Margaret Starbird o El hombre que creó a Jesucristo de Ambelain? ¿Qué opinión le merecen?

En efecto, sin El desvelamiento de la Revelación (1981) de Rafael Hereza, esta novela jamás se hubiera escrito; es este teólogo seglar, doctor en teología por la Universidad Pontificia de Salamanca, quien desveló la identidad del discípulo amado. El libro pasó completamente desapercibido, por motivos que sería arduo comentar. Debo a su editor García Viñó habérmelo hecho llegar, junto con otro de él mismo, La nueva Eva (1993), donde abunda sobre el tema ofreciendo nuevas perspectivas. En relación a los restantes libros que menciona, salvo el de Starbird, los estudié en su día, con otros muchos, porque es mi costumbre agotar la bibliografía antes de ponerme a la labor de fijación. Por supuesto, no he pretendido hacer de mi novela una pieza de arqueología literaria; soy consciente de que es imposible escribir en un tiempo concreto, sin la resonancia de todo cuanto anteriormente se ha escrito sobre el tema. Sin embargo, si se trata de influencias, debo más a nuestro Gabriel Miró, que entre nosotros ha sido el único en apercibirse de la extraordinaria plasticidad del personaje. Su Figuras de la pasión del Señor lo leí de adolescente.

Coincide ud con muchas de esas voces en la marcha de María Magdalena al Sur de Francia (pág. 234), aunque tal vez no en el momento. ¿Cómo se ha documentado acerca del tema?

Esta tradición venerable se inicia con la Leyenda Dorada de Jacobo de la Vorágine, quien en el siglo XIII dio forma a otras tradiciones precedentes, especialmente una Vida de María Magdalena del siglo V, comentada por el padre Damien Vorreux; esta Vida se ramificó y fragmentó extraordinariamente a partir del siglo VIII. Numerosos papas prestaron refrendo a esta tradición, apoyada en múltiples hagiógrafos. Modernamente, Raymond Bruckberger, historiador eclesiástico de máximo prestigio, toma partido a su favor. De todas formas, sin esta presencia de María Magdalena en Provenza, donde fue descubierto su catafalco, el ciclo Artúrico sería ininteligible. Algo debe haber de cierto cuando una creencia desencadena semejante eclosión cronística y literaria.

¿Por qué cree que estos temas no son abordados desde perspectivas teológicas rigurosas, desde la Iglesia Católica o desde otras Iglesias?

La bibliografía sobre María Magdalena es extraordinariamente profusa y trasciende el campo teológico para proyectarse en otras áreas del pensamiento y la literatura. Ello es indicativo de su enorme fascinación. Prueba de ello es que la misma Orden de Predicadores, a la cual fue encomendada la Inquisición, le profesa, en su onomástica, un Oficio de especial emotividad. Sin embargo, el de María Magdalena constituye, desde la perspectiva doctrinal, un caso complejo, por las muchas fricciones con la ortodoxia que del mismo se derivan. Primero, si como numerosos apócrifos y textos gnósticos atestiguan María Magdalena era la "compañera de Jesús", el catolicismo estaría obligado a plantearse en serio el sacerdocio femenino, además del celibato sacerdotal. Y segundo, si el discípulo amado encubre en su identidad algún misterio en relación para con Jesús, entonces habría que reconocer, a tenor del capítulo final del Cuarto evangelio, que junto con una Iglesia de estirpe petrina (jerarquizada, masculinista, externa) ha existido y existirá, por propia decisión de Jesús, otra iglesia de estirpe joánica (esto es, mistérica, igualitaria, feminista, interior).

¿Se da cuenta de que en la actual teoría cristiana, máxime la católica, se da mucha más importancia a Pablo que a Pedro? Comprobamos en su obra que ud trata de poner "ciertos puntos sobre determinadas íes". (Pablo era lo más contrarío a leschua ( pág. 183) o La verdad no debe decirse a quien no está dispuesto a escucharla (pág. 119). Háblenos de ello.

Y es lógico que así sea, puesto que la literatura paulina es incomparablemente mayor que la de Pedro, relegado a una figura testimonial en preservación del papado. Ahora bien, el recelo que provocó este hombre en las primitivas sinagogas cristianas es patente incluso en los textos neotestamentarios. Y es que se hace difícil admitir que un hombre tan impetuoso y cruel (sacaba a los ancianos y los niños de sus casas y permaneció insensible ante el suplicio de Esteban) variase su comportamiento de manera tan brusca mediante una revelación que dijo sentir. Se hace difícil porque, además, él era enfermo de "espina en la sangre", esto es epilepsia, que en aquel tiempo se paliaba en sus efectos con opio. Por tanto, siempre quedará en la sospecha qué fue inspirado y qué otro alucinatorio.Él mismo decía que había cosas que se las inspiraba Dios y otras de sí propio; lo complejo está en separar, tanto más por cuanto estaba dotado de una poderosa inteligencia. Él es, en fin, quien eleva a Jesús a la categoría de Dios, pero lo hace infringiendo toda razón; los gnósticos, y el discípulo amado en el Cuarto evangelio, lo hicieron mejor, interponiendo entre una naturaleza y otra la figura del Verbo. De todas formas, lo apasionante en Pablo es constatar su lucha agónica por conciliar en Jesús, convertido por él en Cristo, su naturaleza divina con la humana, algo así como la cuadratura del círculo o un salto al vacío. Y en ambas condiciones llegó, tal vez, demasiado lejos. Recuerde, por ejemplo, que La última tentación de Cristo, la polémica novela de Kazantzakis, se basa precisamente en unos versículos suyos, según los cuales, si Jesús había asumido las culpas de toda la humanidad, por fuerza estas culpas habían debido de salpicarle. A mí reconozco que no me es grato, entre otras razones por su atroz misoginia.

¿Escribió su Juan Marcos el Evangelio de San Marcos, según el texto, además del Apocalipsis, y éste protoevangelio que ud "transcribe"?

Creo que se ha deslizado algún equívoco al respecto de la autoría del Segundo evangelio en relación a Juan Marcos, o bien que no maticé correctamente la idea. La hipótesis que defiendo es que este evangelio de san Marcos fue inspirado y redactado por personas muy cercanas al discípulo amado, aunque las diferencias entre éste y el Cuarto evangelio son notorias, no sólo desde el punto filológico. Pero coinciden en múltiples sentidos, como, por ejemplo, el desdén a la casta sacerdotal judía y, por extensión, la sociedad judía de la época. Existen otros muchos rasgos análogos entre el Cuarto evangelio y el Segundo, estudiado este último por Puente Ojea con singular penetración.

¿Cree en la posibilidad de la existencia de otros libros, tal vez sagrados, otras memorias, de importancia para conocer la realidad de Cristo?

Raro es el día que la Prensa no nos sorprende con nuevos hallazgos, que invitan a la reflexión, si bien se requiere una mínima perspectiva de tiempo para dilucidar. Con todo, el Evangelio de Tomás, hallado intacto en Nag Hamadi, Egipto, a mediados de siglo, plantea sin paliativos la ligazón amorosa de Jesús con María Magdalena. Coincide en ello con otros testimonios considerados apócrifos por la ortodoxia, como los evangelios de Felipe y de María, además de la Pistis Sophia, texto gnóstico primitivo.

¿Cree que la identificación de María Magdalena y de María de Betania va a ser asimilada por la tradición que va conformándose, no tanto por los católicos rigurosos sino por la costumbre laica, dado el creciente número de voces, fundamentalmente narradores e investigadores no teólogos que así lo defienden?

El problema es complejo y he debido de estudiarlo a fondo. La tradición occidental cristiana se decanta por la identificación de una y otra, y así ha sido desde Gregorio Magno y otros doctores de la Iglesia, pasando por las resoluciones de Trento, hasta los exégetas actuales como Bruckberger. Tenemos lo siguiente: el evangelio de Marcos alude a una innominada que unge a Jesús en Betania, y el evangelio de Mateo copia al de Marcos. Los evangelios de Lucas y el de Juan presentan diferencias entre sí, en referencia al mencionado episodio clave. Sin embargo, y simplificando hasta el límite la cuestión, parece razonable que Jesús fuera ungido una sola vez, y comoquiera que Juan es el mas concreto y específico, y para él la ungidora de Betania es María Magdalena, una es otra-, es decir la misma, toda vez que Marcos y Juan describen la misma escena. Esta es en opinión de Raymond E. Brown, uno de los mejores especialistas del Cuarto evangelio. El escollo está en que si la ungidora de Lucas es María Magdalena, entonces habría que reconocer en ésta ciertos -llamémoslo así- trastornos emocionales. Nadie se opone en reconocerlo así, dado su vehemente temperamento. La palabra "pecadora", que a la Ungidora aplica Lucas, posee múltiples acepciones, además de la literal. Es un concepto sumamente ligado al de enfermedad en la tradición judía.

¿Por qué una Magdalena rubia? (ver pág.67)

Cuando se descubrió el sarcófago que contenía los restos de María Magdalena, allá por el siglo XIII, en la cripta de Saint Maximin, hallaron que sus cabellos eran rubios, lo que concuerda con las más antiguas tradiciones, que nos la representan con este tono capilar. Es, éste de la iconografía magdaleniana, asunto bien estudiado por Susan Haskins, al tiempo que las vicisitudes en su culto por Georges Duby.

¿Por qué cree que apenas se menciona en la doctrina oficial la constante presencia de la Magdalena en la vida de Cristo? ¿Y por qué ud., en contrapunto, habla tan poco en su libro de la Virgen María?

Es verdad fácilmente constatable el escaso protagonismo de María de Nazaret en los evangelios canónicos. Por ejemplo, al pie de la cruz, llama la atención su ausencia en los sinópticos, mientras que sólo Juan la menciona como presente en el Gólgota. Ésta es una razón más que coadyuva el protagonismo de María Magdalena ante la cruz, ya que su presencia la atestiguan los cuatro evangelios, y en consecuencia apoya la hipótesis de que Jesús, de entre las cuatro mujeres presentes, se refiriera a María Magdalena como la madre del discípulo amado. Pero yo distinguiría entre María de Nazaret, personaje perfectamente histórico, y la Virgen María, sincretismo de las diosas madres mediterráneas, y en concreto Diana, la cual era venerada en Éfeso como teotococos, es decir "madre de Dios" y, por tanto, virgen. En Éfeso precisamente, en donde en Concilio del año 431, iba a proclamarse el dogma de su maternidad divina.

¿Qué sintió, no ya como escritor, sino como persona, cuando terminó su novela y releyó el resultado? ¿Qué reacciones hubo en su entorno más cercano?

Cuando la novela estaba ya en prensa, y no había ocasión de echarme atrás, me sobrevino una punzante congoja. ¿Estaba yo plenamente seguro de la hipótesis planteada?, ¿qué necesidad había, de turbar ciertas conciencias? Preguntas como éstas me sumieron en una fuerte inquietud. Además, presentía una presión a la contra, una controversia desagradable con descalificaciones personales, lo que en efecto ocurrió. Logré serenarme, no obstante, porque, si escribirla me había sido útil en orden a mi propia fe, probablemente lo fuera para otros también; una fe basada en el mensaje de Jesús, y no en sus milagros. Pero asumir este mensaje, que considero vigente e imprescindible en el mundo de hoy, conllevaba rescatarlo como hombre, y hombre cercano, con todas las contradicciones que la condición humana entraña. Por esto he puesto énfasis en los aspectos más luminosos, delicados, simpáticos incluso, de su humanidad, y puesto que perfectamente caben en la naturaleza humana de un hombre a todas luces superior. Entonces, fui tranquilizándome. Comprendí que la soledad agranda los temores, porque nos sume en una suerte de sugestión. He cumplido un deber moral como persona, y de conciencia como escritor. San Juan de la Cruz decía que "estamos aquí para no ver", esto es mirar tan sólo lo que debe hacerse según conciencia. Por lo demás, sí, hay personas que me niegan el saludo. Es una consecuencia más de una religiosidad oficial relegada al culto externo, donde el mensaje de conciliación y tolerancia es lo que menos cuenta.

¿Cree que incidirá de nuevo, en próximas obras, en el macro-tema de Jesús de Nazareth?

Tengo escrito el texto novelado de cómo se llegó a las conclusiones de El discípulo amado, una especie de metanovela, en clave de ficción y en tercera persona. Sólo la publicaré si lo considero necesario, y mi editor lo estima conveniente. No es así por ahora.

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