Mientras tanto, en España el P.S.O.E. ha llegado al poder e intenta crear una cultura a su medida: pequeñoburguesa, realista, urbana y con una barniz de izquierdas. Por primera vez entra el dinero a raudales en la vida literaria española. El felipismo se encarga de administrar las subvenciones, los premios, las apariciones en televisión…, de una manera partidista e injusta. Y se produce una gran escisión en la literatura española contemporánea. Por una parte se encuentran los oficiales, los mimados por el régimen; por el otro, los marginados. Entre los primeros, están los autores de “La Nueva Sentimentalidad”, los de “Renacimiento”, algunos críticos literarios, o más exactamente apologistas, de la línea oficial como José Luis García Martín o Miguel García Posada, y algunos escritores madrileños como Luis Antonio de Villena o Andrés Trapiello. Todos ellos forman rápidamente una coalición con el nombre de poesía o literatura de la Experiencia y comienzan a recibir sus beneficios. Ejemplos de los mismos, por ceñirme al caso de Granada, son las revistas “Olvidos de Granada”, “La fábrica del Sur” y “Hélices” o la colección “Maillot amarillo”, todas costeadas con dinero público y herméticamente cerradas a quienes estaban fuera de la oficialidad. En el otro extremo, en el de la total marginación, quedaría el grupo “Ánade”.

Por estas fechas, dos poetas de la generación novísima en Granada, Juan J. León y Enrique Morón, se suman al proyecto “Ánade”. Juan J. León, al que habíamos conocido como director de la colección “Zumaya” en los años setenta, cultiva por una parte una poesía muy depurada con una fuerte inquietud social a veces, y por otra una línea extraordinaria de poesía satírica en la que no conoce rival. En cuanto a Enrique Morón, se trata de un poeta de estirpe clásica con variedad de registros pero caracterizado por su búsqueda en la naturaleza de la plenitud espiritual. Enrique Morón venía publicando en “El Bardo” y Juan J. León en las ediciones malagueñas de Ángel Camarena. Ambos poetas participaron activamente en la vida literaria de Granada durante los años finales de la Dictadura en bares de tradición bohemia como Bimbela o Éngix, y después su trabajo en la docencia los había conducido a un exilio variado y agotador. Juan J. León estuvo en La Carolina y en Antequera y Enrique Morón en el País Vasco y en Órgiva. La incorporación de los dos escritores reforzó y conformó definitivamente el grupo “Ánade”.

Los primeros enfrentamientos entre la poesía oficial y los autores de “Ánade” no tardan en producirse. Francisco Bejarano, en Jerez, ataca la poesía de Luis Rosales. Antonio Enrique le replica y estalla la polémica que no tarda en personalizarse cuando participan en la misma dos jóvenes seguidores de Abelardo Linares, Juan Bonilla y José Mateos, por parte de la poesía de la Experiencia, y José Lupiáñez y Fernando de Villena (que entonces está de profesor en Ubrique) por parte del grupo “Ánade”. Lupiáñez dirige por aquellos días “Azul”, el suplemento cultural del Diario del Guadalete, y Bonilla y Mateos están al frente de “Citas”, el del Diario de Jerez.

Por esta época los autores de “Ánade” se vinculan también con los del grupo almeriense “Batarro” y con Domingo F. Faílde, poeta independiente que dirige en Algeciras “La Isla”, el suplemento cultural del Diario de Algeciras.

A principios de los 90, con el respaldo de toda la crítica oficial y mimada por el ministerio y las consejerías de cultura de las principales comunidades autónomas de la nación, la literatura de la Experiencia comienza a ser hegemónica. Pero entonces surge la llamada “Poesía de la Diferencia”. Muchos de los autores que se han visto marginados a causa de las manipulaciones de los de la Experiencia, se reúnen, primero en Madrid, en el café “Libertad”, luego en Córdoba, en la posada del Potro y después en el Ateneo de Sevilla, para elevar una protesta contra la literatura oficial.

La poesía de la Diferencia no es una estética, sino una pluralidad de estéticas y por ello tenía muy difícil el combate frente a quienes contaban con el respaldo del poder político. Los críticos de la Experiencia replicaron en la prensa nacional defendiéndose mal que bien de aquella avalancha que se les venía encima. Más tarde, faltos de argumentos, prefirieron dar el silencio por respuesta. La “Diferencia” contaba sólo con algunos suplementos literarios de provincias, pero sus ataques eran de una contundencia tal que no admitían réplica posible. “Los Cuadernos del Sur” del Diario de Córdoba, dirigido por Antonio Rodríguez Jiménez, y “El Papel Literario” del Diario Málaga Costa del Sol, dirigido por Pedro José Vizoso, José García Pérez y Antonio Romero Márquez fueron las tribunas desde donde se expresaron los autores de la Diferencia, en tanto que los de la Experiencia contaban con los diarios nacionales (ABC, El Mundo, El País).

 

Páginas 1 2 3 4 Literatura de la diferencia

Versión imprimible