En la primera línea de toda esta desigual guerra literaria anduvieron siempre los poetas del grupo “Ánade”. Poco después, se celebran en Granada y Valencia actos y congresos llamados para consolidar la Poesía de la Diferencia, pero, curiosamente, en estos actos se incubó el germen de la disolución. No voy a entrar ahora en la búsqueda e culpables al respecto: considero natural que, dadas sus fuertes individualidades creadoras, cada uno de los escritores de la Diferencia regresase a su propio mundo después de haber manifestado enérgicamente su protesta.

En Granada, Antonio Enrique y el novelista Gregorio Morales habían creado “El Salón de Independientes” para exigir una mayor limpieza en el ámbito de la cultura española, bochornosamente dirigida por el felipismo. Surge una nueva y encarnizada polémica entre Gregorio Morales y uno de los escritores más prolíficos de la cultura oficial, Luis García Montero. El campo de batalla será ahora el periódico “Ideal” de Granada. Y en la lucha intervienen entre otros Álvaro Salvador, por la Experiencia, y Fernando de Villena a favor de la Diferencia y el Salón de Independientes.

A raíz de todos estos acontecimientos, muchos autores intenta incorporarse a la literatura de la Diferencia, pero algunos de ellos pretenden apropiársela en su propio beneficio. El movimiento empieza a hacer aguas, pero antes se publican varias antologías que recogen el espíritu del mismo: “Elogio de la Diferencia” (1997), de Antonio Rodríguez Jiménez, “…y del Sur” (1997) de José García Pérez y “De lo imposible a lo verdadero” (2000) de Antonio Garrido Moraga. En todas ellas están incluidos algunos miembros del grupo “Ánade”. Paralelamente, la poesía de la Experiencia ha realizado decenas de antologías en todas las editoriales prestigiosas del país, antologías de tendencia que se ofrecen como visión global de lo que se realiza en España.

Como antes indiqué, a partir de este momento, los popes de la literatura de la Experiencia prefieren evitar los encuentros frente a frente y ensayan una nueva estrategia: el silenciamiento absoluto de todos los marginales y el arrebatarles hasta el último vehículo posible de expresión que tengan.

Cuando el Partido Popular alcanza el poder en España sin ningún proyecto cultural sólido, se limita a mantener las cosas tal como las encontró, o sea a prorrogar los privilegios a quienes ya los gozaban.

Los críticos y poetas de la Experiencia han intentado crear escuela promocionando mediante antologías y publicaciones a todos los poetas jóvenes que aceptan sin discusión su magisterio. Pero también existen poetas independientes de las últimas generaciones y algunos de ellos fueron recogidos en la antología “La poesía que llega” que preparó Fernando de Villena. A nuestro juicio hay grandes poetas jóvenes ahora que tienen mucho que decir y que no deben heredar la guerra de sus mayores.

Cuando el movimiento de la Diferencia se vino abajo, los poetas del grupo “Ánade”, más cohesionado que nunca, volvieron a la quietud de su tertulia, a sus encuentros y a sus respectivas obras en marcha.

José Lupiáñez evolucionó desde la poesía elegíaca y acendrada de su primera etapa a otra marcada por el Modernismo y más recientemente cultiva una poesía descriptiva y simbólica que profundiza en las grandes interrogantes del hombre. Además de su vertiente poética, Lupiáñez ha cultivado con rigor y amenidad el ensayo literario.

Antonio Enrique, menos barroco que en sus inicios, sigue cultivando una poesía que se aproxima a la épica, una poesía visionaria a veces y de una espiritualidad heterodoxa. Ha cultivado también la novela y el ensayo con verdadera maestría. En este género, mucho dio que hablar su extraordinario “Canon heterodoxo”.

La poesía de Enrique Morón sigue también el mismo camino elegido en sus años de juventud: el camino de la autenticidad y la constante comunicación con la naturaleza, pero ahora, en sus versos, cada vez más aforísticos y profundos, late una gran preocupación por el hombre y su lugar en este mundo. Enrique Morón es también un notable dramaturgo y ha publicado un excelente libro de memorias.

En cuanto a Fernando de Villena, de su luminoso neomanierismo inicial pasó a una etapa de poesía más directa y vivencial y en sus últimas entregas, dedicadas al Mediterráneo, consigue una poesía reflexiva de una sencillez clásica. Es autor además de numerosas novelas y ensayos literarios.

Y hemos llegado al final. He aquí, muy por encima, la historia de uno de los grupos literarios más activos y originales de las últimas décadas, un grupo cuya importancia crece día a día como la ya abundante obra de sus componentes.

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