APROXIMACIÓN A UNA POÉTICA (1999)

 

 

Existe una primera época en mí que es, como en casi todos los poetas que empiezan muy jóvenes, de doble apertura al mundo: de un lado la percepción del valor sensorial de la palabra, de otro el asombro sensitivo hacia la belleza circundante. En Granada, esto último resulta, además de lógico, irremediable. Pero es al primero de estos rasgos, la exacerbación verbal, al que debo los mejores hallazgos de mi primer libro, Poema de la Alhambra (1974), una selección del mismo (pues aún se mantiene inédita la mayor parte), obra que los críticos no supieron bien a qué corriente adscribir. Abarca esta primera época, junto al ya citado, los libros Retablo de Luna (1980), La blanca emoción (1980), La ciudad de las cúpulas (1980) y Los cuerpos gloriosos (1982), y de modo más exacto hasta su poema "Diálogo de los cacharros mudos", que supone una quiebra en esta línea estética: el encuentro con el dolor humano, que va a prolongarse en Las lóbregas alturas (1984), libro éste de transición. Órphica (1984), impregnada de este mismo sentido dolorido, suponía, a la vez, el inicio de una segunda época caracterizada por la visión simbólica, apoyada en la lectura alegórica de los signos tanto de la realidad externa como de la dimensión interior, lo cual alcanza su ápice expresivo en El galeón atormentado (1990), libro donde mar y tierra establecen una correspondencia semiológica. Una tercera época, tras Reino Maya (1990) -el cual enlaza en lo vivencial con Las lóbregas alturas-, también de transición, me lleva a la asunción del fenómeno místico, arraigado en la tradici6n monoteísta heterodoxa, en La Quibla (1991), y a lo visionario, en Beth Haim (1995). Lo visionario, en contacto con el entorno fantasmal de Guadix, en tierras del reino de Granada, hace que se opere en mí un giro escatológico, que ya se había anunciado en El galeón atormentado, exactamente en su "Poema de interludio". A esta nueva época pertenecen El sol de las ánimas (1995), donde recupero la infancia como edad en que las reminiscencias de vidas pasadas están aun calientes, y Santo Sepulcro (1998). De este último libro, y del desarrollo de sus poemas "El mal" y "El diablo", surge, como indagación en la zona oscura de la configuración moral humana, El reloj del infierno, inédito. Y del poema último de éste, "Los pasos perdidos", aún el siguiente, Huerta del cielo, también inédito, donde se entra en contacto próximo con esa otra realidad de los espectros o almas errantes, dentro de un entorno físico concreto al que alude el título.
Concibo el poema como un acto de sintonía con el subconsciente profundo, al encuentro de percepciones inéditas, aspectos de la realidad poco o nada transitados por la poesía contemporánea. Es a semejanza de una navegación por mares remotos y aguas sombrías, en exploración de las ínsulas extrañas. En este piélago mental y sensitivo, todo es un contínuum espacial y temporal: no hay frontera entre la vida y la muerte, lo telúrico y lo cósmico, la individualidad y lo universal, El poema entonces se convierte en la plasmación de una idea que es anterior a mí mismo y ha estado latente hasta formularse en palabras. Esta sintonía es tanto mas nítida cuanto clara en su expresión, y se ofrece por eliminación de lo accesorio y sujetivo antes que por ampliación y exégesis. Soy partidario de decir lo más ignoto e inesperado mediante palabras frecuentes, dentro de un mismo campo semántico. Ello es porque la inspiración, cuanto más elevada, busca un registro idiomático más llano y accesible, ya que lo que es misterioso en sí será su sentido: el sentido que se desprende de una simple ecuación verbal. Este sentido, por el contrario, es ilimitado, infinito en su naturaleza, y sólo comunicable a quienes vibren en una misma frecuencia o bien posean una curiosidad despierta ante lo incomprensible que nos envuelve y rebasa.
Es, por todo ello, que mi obra ha estado marcada siempre por la presencia de lo invisible; esto es, si hubiera de definir algún rasgo que estuviese presente desde mis primeros poemas, sería éste. Ello me aleja de las preferencias actuales. Sin embargo, confío en que, a medida que la cultura, en conexión con las ciencias físicas y parafisicas, avance, exista un lugar para este tipo de poética que indaga en lo inexplicable.

 

 

(Texto publicado en la revista "El laberinto de zinc", No. 5. Málaga, 1999).